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HISDORIA DEL YOGUR

Durquito es feliz después de haber ingerido su yogur

Se inicia cuando el hombre comenzó a domesticar animales. Homero lo evoca en la Odisea. El Yogur era una bebida que se tomaba en Asia Central, desde el Cáucaso hasta los Balcanes, donde se conocía con los nombres de Kefir o Kuomis; también lo conocían en Egipto y la India. En el Medio Oriente sabían de él desde los tiempos de Abraham. Los Romanos le atribuyeron propiedades médicas y digestivas. En 1071, la palabra yogur aparece por primera vez en un diccionario árabe-turco. La palabra es de orígen búlgaro (?!) y significa longevidad.

En 1542, el yogur se conoce en Francia, en la corte del rey Francisco I. La historia cuenta que en el siglo XVI, el monarca sufría de diarrea persistente y después de varios tratamientos sin éxito, escuchó de la existencia de una leche de oveja fermentada que hizo maravillas en la corte del gran turco Solimán. El rey pidió la presencia de un médico para preparar esta extraordinaria poción.

Después de algunas semanas de haber ingerido esta bebida, Francisco I se curó de su infección intestinal. El médico regresó a Constantinopla con el secreto y pasaron cuatro siglos antes de que Francia redescubriera el yogur.

En 1900, el científico ruso Ilya Metchnikoff, biólogo del Instituto Pasteur de París y ganador del premio Nobel 1908, describió el proceso de fermentación de la leche y dio a conocer las bases para la elaboración del yogur que conocemos, así como los beneficios para el metabolismo gastrointestinal.

Al natural o con frutas, ácido o azucarado, cremoso o líquido, solo o como guarnición, el yogur ha ejercido sus saludables poderes durante más de dos mil años. Con razón, Plinio el viejo, lo llamó alimento divino y milagroso. ¿Su secreto? En su interior hay más de 100 millones de bacterias vivas dispuestas a ayudarnos contra las infecciones. Es sano, nutritivo y en la cocina, el yogur permite preparar salsas, ensaladas y postres aportando su toque especial.

Otra más...

El origen del yogur se sitúa en Turquía aunque también hay quien lo ubica en en los Balcanes, Bulgaria o Asia Central. Se cree que su consumo es anterior al comienzo de la agricultura. Los pueblos nómadas transportaban la leche fresca que obtenían de los animales en sacos generalmente de piel de cabra. El calor y el contacto de la leche con la piel de cabra propiciaba la multiplicación de las bacterias ácidas fermentaban la leche. La leche se convertía en una masa semi sólida y coagulada. Una vez consumido el fermento lácteo contenido en áquellas bolsas, éstas se volvían a llenar de leche fresca que se transformaba nuevamente en leche fermentada gracias a los residuos precedentes. El yogur se convirtió en el alimento básico de los pueblos nómadas por su facilidad de transporte y conservación. Sus saludables virtudes eran ya conocidas en la Antiguedad. Unos siglos más tarde se descubriría su efecto calmante y regulador intestinal. Metchnikoff, que recibió el premio Nobel en 1908, fue el primer científico en intuir los efectos del yogur en la flora intestinal. Demostró que el yogur contenía bacterias capaces de convertir el azúcar de la leche -lactosa- en ácido láctico y que este ácido hacía imposible el desarrollo de bacterias dañinas en el intestino derivadas de la descomposición de los alimentos. También descubrió la enorme cantidad de vitaminas del grupo B que contiene el yogur.

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